«

»

Mar 30

Coronavirus: una Unión con dos caras.

 

La reciente crisis sanitaria ha alcanzado unas cotas de afectación que pocos podríamos haber imaginado hace unos meses, cuando los primeros casos parecían estar aún a años de luz de nosotros y con riesgo únicamente para aquellas personas con afecciones respiratorias o de edades avanzadas. Es por eso por lo que en un primer momento y ante la llegada de una pandemia global la concentración mediática y gubernamental se concentró en la cuestión sanitaria: Lo primero son las personas y deben ser siempre la principal preocupación de toda actividad política. Sin embargo y ahora que aparentemente los cauces a seguir están más claros, ¿Qué se supone que ocurrirá con nuestra situación económica?

La llegada del coronavirus ha llevado a nuestro país a una situación sin precedentes en nuestra historia: el estado de alarma. Con esta medida se pretende evitar los contagios y la propagación del virus hasta que los investigadores y centros sanitarios tengan un control absoluto sobre la pandemia. Sin embargo, y aunque la salud de las personas se vea mejorada notablemente, las consecuencias a nivel social y económico son visibles para cualquiera: cierre de establecimientos que no sean esenciales, nula circulación de automóviles salvo motivo justificado y recientemente la detención de toda actividad empresarial que no sea estrictamente fundamental. Conocer las consecuencias no es tarea complicada: parón generalizado del sistema económico y financiero y reducción notable del comercio y del flujo de dinero. Habiendo resuelto nuestra primera pregunta, nos damos de bruces con la siguiente ¿Qué va a hacer el gobierno de la nación y la Unión Europea?

Un actor se ha alzado como protagonista en dar una solución mágica a los problemas de los países de la unión: los coronabonos. Pero ¿Qué son? Como su propio nombre indica son bonos que permiten mutualizar deuda y riesgos de todos los países bajo el paraguas de la UE. De este modo, el BCE emitiría deuda con mayor garantía que la deuda soberana de cada país, pasando a estar la responsabilidad del pago mancomunada. Salta a la vista que en dicho escenario el riesgo del conjunto sería menor que el riesgo de cada parte (un análogo a la clásica diversificación financiera) teniendo por tanto una mayor liquidez que por separado y un mayor acceso a los mercados. La solución a priori parece ideal, no obstante, ¿Quién se opone y quien la abandera?

Los países con una situación de mayor endeudamiento y con un sistema financiero más frágil apoyan los coronabonos (España e Italia por ejemplo) , coincidiendo justamente con los estados que sufrieron un mayor impacto de la crisis del coronavirus ( o al menos más temprano) .Está claro que la oposición la representan los países con una estructura económica mucho más solvente (Alemania, Países Bajo, Austria o Finlandia por ejemplo) siendo el  razonamiento de estos últimos una argumento bien conocido: en las épocas de bonanza los países del sur deberían haber recortado el déficit público para tener reservas en épocas de crisis( Un ejemplo de buen trabajo es el posible superávit  finlandés en el próximo año o su deuda pública  en niveles cercanos al 60%, muy inferior a la nuestra) , aunque a decir verdad, no es oro todo lo que reluce. Alemania se vio beneficiada por una cuantía de aproximadamente 2900 millones de euros por el programa de compra de títulos de deuda griega impulsado por el BCE, y los Países Bajos por un sistema tributario que beneficia la atracción del capital extranjero mediante exenciones de impuestos y subsidio. En consecuencia, ¿Ofrecen alguna alternativa? La opción preferida por los países de la oposición es el llamado ‘Mecanismo Europeo de Estabilidad’ (MEDE) donde el eurogrupo prestaría capital hasta un 2% del PIB del país que lo reciba, una cantidad que podría ampliarse en función de como evolucionen las circunstancias de la eurozona. Obviamente este plan de rescate es preferido porque implicaría una implantación urgente de reformas estructurales, en resumidas cuentas, tiene un precio que para los países opositores de los coronabonos sería justo, unido a que desaparecería el riesgo innecesario por mancomunar el pago de unos bonos que ellos no demandan.

Finalmente, y conociendo la evolución de los hechos ¿Es una actitud justa o insolidaria la que están teniendo los países más solventes? La respuesta no es trivial y depende de la visión que tenga cada lector del concepto de Unión Europea bien como una extensión de la propia nación hacia un concepto más global, o bien como una mera unión económica beneficiosa entre los estados miembros. Si optásemos por la primera, los coronabonos serían un reflejo de los valores en los que se fundamenta la unión, y demostraría un ambiente de equidad olvidando de una vez por todas aquel concepto de la ‘Europa de las dos velocidades’. Si optásemos por la segunda opción, la opción del MEDE sería la más conveniente pues no es culpa de ningún estado miembro que otro haya realizado una gestión improductiva de su economía.

¿Y respecto al gobierno de España? Sabemos de sobra que la socialdemocracia europea (y en especial la española) no se suele mostrar muy entusiasta con la austeridad y el control del gasto, bien lo pudimos ver en lo tarde que llegó el paquete de recortes necesarios en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2010, cuando su necesidad se había visto reflejada años atrás. No están bien vistas por su electorado y menos con un gobierno de coalición muy debilitado por los últimos acontecimientos, con un vicepresidente al que parece importarle más sus niveles de popularidad que el bienestar de todos los españoles.

Desde una perspectiva egoísta los coronabonos serian la opción más ventajosa para el gobierno español, por su menor riesgo y mayor liquidez.  No obstante, no debemos olvidar que la prepotencia del gobierno socialista ha acabado en una coalición de gobierno que bien se podría haber realizado sin unas nuevas elecciones, y con un plan económico que consiste fundamentalmente en prorrogar los presupuestos del ministro Montoro por doquier, unos presupuestos adecuados a una coyuntura y situación que distan mucho de las actuales. Sumemos a todo esto la tardanza en contrarrestar el coronavirus y la ventaja sacada por el gobierno popular de la Comunidad de Madrid y entenderemos el recelo de los países más solventes respecto a estos bonos. Está en manos de la concordia y el diálogo el llegar a una solución mixta que contente a todos y que permita que no nos devore una crisis aún mayor que la del año 2008.

Carlos Álvarez Fernández, Presidente de NNGG Gijón

union-europea-e1561670170942

Marcador