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Abr 13

EL PICO Y LA CURVA

Estamos familiarizados con las expresiones que designan la evolución del Coronavirus, pico de contagios y curva epidemiológica. Ambas tienen su equivalente en el plano político, descubierto en el pleno del jueves; para pico, el pico de oro de Adriana Lastra; para curva, el viraje del gobierno hacia la opacidad sin ningún tipo de freno interpuesto por los supuestos principios que inspiraron la moción de censura.

Accede la señora Lastra al estrado, empequeñece con toda su rotunda solemnidad al mismo Cicerón con la siguiente frase lanzada a la oposición: “Equivocarse una vez puede ser un error, pero ustedes se equivocan sistemáticamente y eso ya no es un error, es una estrategia” Esto, claro está, lo dicen quienes podrían hacerse un colgante con la gran sarta de errores que han cometido y entre ellos caer en la estafa de las pruebas defectuosas. Cualquier apunte o crítica es una estrategia de la malvada derecha para desestabilizar España, también tenemos la técnica de la comparación con otros países.

Porque todos sabemos que el virus nos pilló desprevenidos e inermes al haber surgido en Talavera de la reina y no en Wuhan, claro que las declaraciones sobre la información que tenía el gobierno en enero son bulos que propagó Pedro Duque, a sueldo de la derecha.

Es sin duda una postura de enorme rédito político, con todo, el argumento de mayor solidez que esgrime Lastra y eclipsa siglos de la oratoria occidental, es éste:

Vox no apoya nuestra medida, luego Vox es un partido inútil.

Estamos en profundo desacuerdo con la postura de Vox que consideramos irresponsable, sin embargo esto no es óbice para discutirlo sin razones como hace el PSOE.

Fuera del fondo, la forma es importante y está claro que la pataleta no es la forma ideal de derribar al adversario político, so pena de hacer el ridículo.

Se combinan estos hechos con el intento de limitar la operatividad del parlamento “servicio esencial” en democracia, paralizando las sesiones de control al gobierno en contra del tenor general del artículo 108 de la constitución, por mucho que se quiera justificar con la coyuntura.

Habla de resucitar los Pactos de la Moncloa quien ha llegado a gobernar gracias a socios que se refieren despectivamente a nuestro sistema como “Régimen del 78” valorando así enormemente la transición.

Esa oferta está envenenada, al Partido Popular que se ha comportado noblemente, se le tiende una mano cínica que más tarde ha de abofetearle. En los Pactos de la Moncloa, igual Sánchez lo desconoce, se flexibilizó la legislación sobre secretos oficiales para permitir el acceso de la oposición a información esencial para sus funciones.

¿Cómo evoca estos acuerdos alguien que a la hora de la verdad estima en tan poco la transparencia en sus actuaciones?

Como movimiento estratégico no tiende, al igual que todos los anteriores, más que a fortificar a cualquier precio su permanencia en el gobierno.

Con símiles taurinos a cargo de Sánchez, Lastra como inquisidora general apuntando a Casado con dedo acusador “Este error le perseguirá toda su vida” y una gran peste que nos asola; España ha vuelto a 1649, esta vez sin ni siquiera el lucimiento de la Semana Santa.

Jaime Martínez Pando, miembro de NNGG Gijón.

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