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Abr 14

SEDUCIR CON EL INSULTO

‘Desleal’, ‘indigno’, ‘político inútil para los españoles’… Estas fueron algunas de las palabras que la portavoz del Partido Socialista en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra, pronunció el pasado nueve de abril hacia la bancada del Partido Popular, y en concreto, al presidente Pablo Casado.

En un contexto parlamentario habitual, no resultaría raro, o al menos desproporcionado, un tono agresivo y desafiante entre los portavoces de las diferentes fuerzas políticas de la cámara baja. Sin embargo, el contexto actual es totalmente atípico. En plena crisis del Coronavirus, el gobierno de coalición se ve obligado a pedir los apoyos en el Parlamento para aprobar las distintas medidas económicas y sociales para paliar los efectos derivados de la catástrofe causada por el virus, además de para prorrogar el Estado de Alarma y, por tanto, el confinamiento.

Tras dos años de inestabilidad política, tras aquella fatídica e improvisada moción de censura contra el gobierno presidido por Mariano Rajoy, tras veinticuatro meses de ‘no es no’ a la bancada de la derecha y con el objetivo de tapar una gestión lamentable de esta crisis, el gobierno ha vuelto a poner de moda la palabra ‘pacto’. Esta palabra no llega por sí sola, sino que llega evocando a los Pactos de la Moncloa, que asentaron un cambio de régimen en la democracia española y establecieron las bases del Estado que hoy todos gozamos.

‘Desleal’, ‘indigno’, ‘político inútil para los españoles’… Contrastan mucho con un vocabulario cuya intencionalidad real es la de establecer pactos. Contrastan si, pero no es extraño si analizamos el vaivén que es la hoja de ruta del actual gobierno, por un lado, teatrillo con cara de cordero degollado (en consonancia con el tiempo litúrgico) en las ruedas de prensa de cara a la población y por otro, sectarismo e insulto para no reconocer ni una sola responsabilidad y dinamitar cualquier opción posible de pacto, y de esta manera, sacar un claro beneficio político.

Con los adjetivos usados por Lastra, propios de la vulgaridad terminológica habitual de la asturiana, queda de manifiesto que, bajo mi juicio, el PSOE sabe que la ciudadanía reclama un gran pacto, pero desean obtener réditos políticos de esta situación en base al insulto y a la descalificación.

Aunque quieran tapar sus vergüenzas, el Gobierno ha escenificado el papel de Poncio Pilato dejando morir a personas inocentes, por sus recalcadas y flagrantes negligencias enfundadas en su profundo sectarismo, y luego lavándose las manos, y ahora, quieren reescribir la historia convirtiéndose en mesías que nunca cometió pecado y al cual se trata de aniquilar por envidia.

Cuando todo esto pase, es obligatorio para el conjunto de la oposición pedir responsabilidades, no solo para el filósofo que juega a ser Ministro de Sanidad, ni para las ministras que ‘no sabían nada’ pero el día del 8M seguían las consignas que les daban de ‘que no se besa’, también para ese Ministro de Transportes que ahora se permite el lujo de gastar bromas en el Congreso haciendo el amago de dar besos, o se permite reírse cuando dice que el fue a la Mascletá el 8 de marzo, y al cual todavía no se le ha dicho nada por el ‘Delcygate’, porque, señor Ábalos, algunos no nos olvidamos de ello.

Gonzalo Cadrecha, responsable de acción política de NNGG Gijón.

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